Para los que todavía dudan del verdadero status político que tiene la
isla de Puerto Rico, con la aplicación de la nueva ley Promesa se
reafirmó la condición de Washington como metrópoli colonial en pleno
siglo XXI.
La ley de Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto
Rico (Promesa, por sus siglas en inglés), sin el menor respeto a la
soberanía y los derechos esenciales de los puertorriqueños y por edicto
del gobierno de Estados Unidos, conducirá en lo adelante los destinos de
los boricuas.
Sobre la aplicación de esta ley, Prensa Latina
entrevistó a José "Tato" Rivera Santana, luchador independentista
boricua y portavoz de la Concertación Puertorriqueña contra la Junta de
Control Fiscal.
Para Rivera, la imposición por parte del
Congreso estadounidense de una Junta de Control Fiscal a Puerto Rico,
"constituye un acto de colonialismo puro, sin disfraz y crudo".
"Desde el 1952 existía un gobierno electo por los puertorriqueños que si
bien no ejercía poderes soberanos, realizaba funciones administrativas y
ocupaba algunos espacios de autonomía como, por ejemplo, en el ámbito
fiscal".
"La imposición de la ley Promesa -añade- cierra esos
espacios y cercena las principales funciones administrativas del
gobierno puertorriqueño. En esencia, será una Junta Imperial compuesta
por siete personas quienes tendrán el poder absoluto para decidir sobre
el presupuesto, planes fiscales y disponer de todos los bienes y
propiedades del pueblo de Puerto Rico".
El activista insiste que
el propósito principal de esta Junta es garantizar el pago a los
acreedores de la deuda, cuyo monto asciende a más de 70.000 millones de
dólares.
"Es el presidente de Estados Unidos quien va a designar
a esas siete personas, sin ninguna participación del pueblo
puertorriqueño, por lo que se trata de un claro ejercicio
antidemocrático y despótico. Además, representa una violación flagrante
de los derechos nacionales y humanos de los puertorriqueños", subrayó
Rivera.
El
luchador independentista subrayó que es importante aclarar que el caso
de Puerto Rico no se trata de una neocolonia. "Justamente lo que
evidencia la imposición de la Junta Imperial es el carácter clásico de
la subordinación colonial a la que Estados Unidos sometió al pueblo
puertorriqueño desde 1898, cuando sus tropas invadieron la Isla en el marco de la Guerra hispano-cubano-americana".
Desde entonces -insiste-, Puerto Rico nunca, nunca, nunca ha vivido un
solo minuto de soberanía, un solo día de independencia. Durante esos 118
años de colonialismo estadounidense el imperio practicó la explotación
económica, la extracción cuantiosa de la riqueza del país, en la forma
clásica que el sistema colonial lo ha hecho dondequiera que se ha
impuesto.
"El tema de la descolonización e independencia de
Puerto Rico es tema obligado e impostergable. Siempre lo ha sido, sin
embargo, ahora adquiere una pertinencia clara y fehaciente ante las
actuaciones del gobierno estadounidense", enfatizó.
Rivera
asegura que la imposición de una Junta Imperial "evidencia que a los
gobernantes estadounidense solo les interesa mantener su dominio
colonial sobre Puerto Rico, su absoluto control y poco les importa
asumir la responsabilidad de terminar con un régimen colonial que está
proscrito por las Naciones Unidas y en especial por su Resolución 1514
XV que reconoce el derecho inalienable de los pueblos a su
autodeterminación e independencia".
"Las decisiones van más allá
de las expresadas por la Casa Blanca. Ha quedado claro que, tanto el
Tribunal Supremo de Estados Unidos, como el Congreso y la Casa Blanca
reconocen que Puerto Rico es un "territorio" sujeto a los poderes
plenarios del Congreso. Es decir, una colonia".
"En efecto, las tres ramas del gobierno estadounidense -sin
"sonrojarse"-,
han aceptado que le mintieron a la Organización de Naciones Unidas
(ONU) cuando en 1953 alegaron que Puerto Rico había alcanzado un
gobierno propio, por lo que no era necesario mantenerlo en la lista de
países bajo el sistema colonial", explica.
Antes
de que se aprobara la ley que impone la Junta Fiscal -comenta Rivera-,
diversos sectores sociales y políticos se organizaron y comenzaron los
esfuerzos dirigidos a enfrentar este grave atropello. Se creó una
Concertación que viene trazando las acciones y las diversas formas que
adquirirá la movilización popular.
El pasado 25 de junio se
celebró la primera Asamblea de Pueblo en contra de la Junta y de allí
surgió una Declaración que establece la agenda de acción, y su llamado
principal es a desobedecer las políticas y actuaciones de la Junta
Imperial.
En esa dirección la desobediencia civil será uno de
los instrumentos que se utilizarán y, de hecho, ya se está utilizando
como medio de expresión y protesta.
La participación de los
puertorriqueños que viven en Estados Unidos es parte crucial de la
estrategia de lucha, como lo fue en el pasado. Además, será muy
importante la denuncia internacional.
También se convocó a los
funcionarios gubernamentales a la no colaboración con la Junta impuesta,
y a convertirse en defensores del pueblo puertorriqueño.
Otras
actividades y acciones formarán parte de la agenda de lucha y sobre
todo, como ocurrió en el pasado cuando el pueblo puertorriqueño obligó a
la marina de guerra de Estados Unidos a abandonar la isla municipio de
Vieques, habrá mucha creatividad.
Rivera
confía que, como siempre, la juventud puertorriqueña estará al frente
en las jornadas más importantes de la lucha del pueblo contra la
dominación colonial.
"Ahora no es la excepción -aclara-. Desde
el 28 de junio, los jóvenes organizaron un campamento de desobediencia
civil que impide el uso de la entrada principal de lo que se conoce como
el Edificio Federal. En éste radican las principales oficinas de las
agencias del gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico.
El campamento se mantiene a pesar de las amenazas de desalojo de funcionarios de la oficina de los alguaciles federales.
"La voluntad de lucha del pueblo puertorriqueño viene adquiriendo forma
y se va a cristalizar en los próximos meses. Este nuevo capítulo de
nuestra lucha más que centenaria apenas comienza", sentenció el
activista boricua.
(*) Periodista